Vos quejándote de una fiebre que dejé que tuvieras sin querer. Te pregunté si pretendías que el tiempo no pase y asentiste, pero no recuerdo con qué palabras. Después me di cuenta que, aunque parecía no pasar, pasaba y muy rápido.
En un vistazo, que duró largos segundos hasta que mi vista se acostumbró a otra luz y otra distancia, pude ver que, entre un par de roces de labios y manos, dos horas fueron escasos minutos para mí.
Hacía falta... ¿Me o Te? ¿Nos, no? Si, nos.
El desorden me resultó tan familiar y cómodo, me hubiese quedado pero sabías que no podía, por eso te preocupabas más que yo por mi horario de vuelta a casa.
Cada frase entre besos parecía destinada a comprarme, cada gesto de respeto, de interés, de preocupación.
Al irme y dejarte así me sentí algo que no soy, pero tiene un Por qué comprensible.
Hablamos. Chau.
No hay comentarios:
Publicar un comentario