sábado, 27 de septiembre de 2008

No Desmayo

Comencé a sentir mis brazos debilitarse, luego mi cuello. Mi cabeza flotaba en una nube cálida de vapor. Sabía qué era lo que estaba por suceder. Tenía miedo de lastimarme, de caer y que nadie pueda escucharme. Recordé un consejo de papá e incliné la cabeza hacia abajo. Me arrodillé para que, en caso de desmoronarme, el golpe sea menor. Mientras trataba de respirar profundo, veía el agua correr entre mis piernas. Mi visión no fue muy clara en un momento, y todo era blanquecino y piel. El ruido del agua era fuerte y homogéneo. Dejé de escucharlo, solo oía mis pensamientos. No existía la noción de tiempo. El aire se hacía más y más denso. Me encontré sola, entre nieblas. No sabía si iba a poder salir de ahí. Sentía que estaba a punto de colapsar. De algún modo puede controlar levemente mi cuerpo, me paré, cerré la canilla, me envolví a medias con una toalla y me senté sobre el inodoro. Mi cabeza daba vueltas y respiraba algo acelerada.

domingo, 14 de septiembre de 2008

No te quiero olvidar

Entre chistes me concedió medio abrazo. Cuando me di cuenta de que el chiste ya había pasado, y que ya me comenzaba a resultar incómodamente deleitable, saqué mi brazo lentamente de su espalda, y luego me soltó también.

De alguna manera ese brazo me trajo color, y dejé la blanca palidez que arrastraba desde largos días atrás. Casi como un electroshock.

Recordé quién era él. Aunque ya muchos momentos estén difusos en mi memoria, sólo con uno me basta para retener por un segundo más esa sensación tan particular que solo él logra en mí. Tan adictiva. Y la siento en todo el cuerpo pero en ningún lado a la vez.

viernes, 12 de septiembre de 2008

Fiebre

Vos quejándote de una fiebre que dejé que tuvieras sin querer. Te pregunté si pretendías que el tiempo no pase y asentiste, pero no recuerdo con qué palabras. Después me di cuenta que, aunque parecía no pasar, pasaba y muy rápido.

En un vistazo, que duró largos segundos hasta que mi vista se acostumbró a otra luz y otra distancia, pude ver que, entre un par de roces de labios y manos, dos horas fueron escasos minutos para mí.

Hacía falta... ¿Me o Te? ¿Nos, no? Si, nos.

El desorden me resultó tan familiar y cómodo, me hubiese quedado pero sabías que no podía, por eso te preocupabas más que yo por mi horario de vuelta a casa.

Cada frase entre besos parecía destinada a comprarme, cada gesto de respeto, de interés, de preocupación.

Al irme y dejarte así me sentí algo que no soy, pero tiene un Por qué comprensible.

Hablamos. Chau.

miércoles, 10 de septiembre de 2008

Acodados a la barra

No creí que con esas personas en ese ambiente iba a sentirme Parte De

Pero sí, no me sentí tan inhibida como suele pasar, estaba más al natural,

Es que la música todo lo (me) puede…

Poder cantar hacia fuera sin limitaciones

Comodidad es la palabra

De todos modos…sigo sintiendo que pertenecen a otro mundo

jueves, 4 de septiembre de 2008

Headphones

Unos auriculares que no dejen escapar ni una chispa de sonido

Concentrado en mis oídos

Fluyendo

Procurando liberar los malestares

Y dejando entrar en su lugar esa canción que, derretida, suaviza y limpia

Permitiendo puñaladas en ciertas notas o palabras precisas, a veces

Abrumada por mi propia presencia

Cerrando los ojos para sentir que ya no estoy

martes, 2 de septiembre de 2008

Huequito

por momentos creo verte entre la multitud
se me acelera el pulso
comienza a escapar una sonrisa
en mi
pero no sos
vuelvo a escuchar la música
todo vuelve a la velocidad acostumbrada
me asusta pensarte así
nunca fue mi intención
pero hay un Pero
una línea finita que divide río y mar
y cada piano cada violín
cada silencio cada charla
murmullos de fondo
son accesos directos a tu recuerdo
porque...en cuanto encuentro un huequito me acuero de vos

lunes, 1 de septiembre de 2008

Ni tu cara

No te dije mi nombre todavía, dijiste.
Entre sorprendida y avergonzada me escondí de tu mirada apoyándome en tu hombro.
Así descubrí que las cosas que suelen creerse básicas son las prescindibles.
Despertaste mi curiosidad y quería saberlo, pero estabas encaprichado en no decirlo.
Por primer vez no sentía invasora una mano nueva, desconocida, sobre la mía, en mi brazo, en mi rodilla, como si fuese naturalmente parte de lo verbal.
Recuerdo haber imaginado la cara de Sarlo y a su maldito shopping, pero tu cara no.
Solo me quedó esa cortina de inocencia casi infantil que se traslucía detrás de tus ojos y tu sonrisa.
En cuanto pude poner un punto y aparte nos dijimos algo con los ojos y, tal como lo venía anticipando tu mano al recorrer la mía, llegó el beso.
No nos despedimos, solo salimos a la calle y nos distanciamos. Intercambiamos un par de miradas en la 9 de Julio y desaparecimos.
No importaron los nombres ni los besos, solo habernos generado la ilusión de que todavía puede haber alguien así allá afuera nos bastó.